Abren un mini-zoo gratuito con liebres de la Patagonia, llamas, gallinas de la Conchinchina y otros animales exóticos.
Una pareja de llamas andinas -la hembra, embarazada- destacan en el pequeño recinto de madera donde conviven con otros animales. Sus vecinos son un puercoespín, liebres de la Patagonia, un agutí (roedor) de América del Sur, dos gallinas de la Conchinchina y un par de canguros de Bennet. Junto a sus cabañas, un acogedor voladero decorado con un río artificial, jardín y bancos de piedra, es el hogar de un gran número de aves, como avefrías australianas, ibis o faisanes. Todos ellos son los nuevos inquilinos del mini-zoo gratuito que ha abierto Garden Center Sopelana. Pero hasta dentro de un mes la familia no estará al completo ya que se prevé traer entre 8 y diez mamíferos más como cerdos vietnamitas o cobayas, además de aves acuáticas como el cisne.
La idea del Zoo-garden fue inspirada en otros centros de jardinería europeos de Holanda e Inglaterra. Una alternativa para ir en familia. «Todo el mundo va a centros comerciales y nosotros hemos querido dar otra opción», afirma Txente Martínez, gerente del establecimiento vizcaíno. Un pequeño zoo con animales exóticos pero domésticos, para que no exista ningún «peligro» para los chiquillos. «Todos estos los ejemplares se han criado en cautividad en Europa y están acostumbrados al trato con humanos, por eso son tan dóciles. Por otra parte, puede parecer que son animales muy comunes, pero para los niños no lo son, porque para verlos han de visitar una granja», explica.
La creación de un zoo no es fácil. Conlleva tiempo, esfuerzo y dinero. Las llamas y los canguros, por ejemplo, rondan los 2.000 euros cada ejemplar. Las liebres o el puercoespín pueden costar 800 y las aves desde los 100 hasta los 1.000 euros, como es el caso del ibis. Además, hay que contar con los permisos necesarios, como el de núcleo zoológico.
Tarántulas y pirañas
Una vez montado, hay que cuidar a los animales. En el caso de este parque, dos personas se encargan de alimentarles -en su mayoría, se trata de dieta vegetariana-, limpiarles y controlar su comportamiento, «algo muy importante», según Martínez. Por otra parte, un veterinario ubicado en el mismo centro se encarga de su salud.
La sección de mascotas del centro de jardinería, ubicada junto al mini-zoo, completa el abanico de animales que se pueden contemplar. Además de perros o gatos, varias urnas de cristal albergan a una gran variedad de anfibios, como gecos o ranas, reptiles, tortugas o tarántulas. Sin embargo, uno de los ejemplares estrella es la urna llena de pirañas del Amazonas que, con sus dientes triangulares, son capaces de evocar las imágenes de la película que hace honor a su nombre.
Ane Ontoso - El correo - Miércoles 23.05.2012